Después de un intenso trabajo por parte de sindicatos de Mexicana de Aviación surge nuevamente la pregunta de cuál será la dirección que tomará la compañía. En un acto sin precedentes y reconocido en diversos lugares, el grupo de sobrecargos y pilotos ha demostrado ser parte de la solución de los problemas que le aquejan. En los últimos días, todo apunta a que una propuesta será la capitalización de los pasivos laborales. Esto significaría un avance sin precedente en la historia laboral de México; esto sin menospreciar por supuesto el trabajo de grandes personajes del pasado en las cooperativas que aún funcionan en nuestro país. Dicho avance brindaría la posibilidad de que un grupo de trabajadores demuestre su capacidad de hacer crecer una compañía aérea. Sin embargo leía el día de hoy un artículo del columnista Marco Antonio Mares que decía lo siguiente:
"La pregunta es si habrá algún inversionista que esté dispuesto a correr una aventura en donde no tenga el control de la empresa y obligadamente tenga que ajustar sus planes a la óptica de los trabajadores. El tiempo sigue pasando y con él las posibilidades de acuerdo se reducen."
A lo cual contesté:
"Marco Antonio, ¿ A poco las cosas no son equitativas en las empresas?. ¿Qué no todos trabajan para el mismo lado? Creo que está subestimando la capacidad de los pilotos. Y le voy a decir algo: que invierta quien tenga visión a futuro y aquel que sea justo. Y espere a ver una demostración del sindicalismo del siglo XXI. Desafortunadamente regresamos siempre al mismo lugar, cuando comenzamos a creer que el trabajo que tenemos es el que merecemos. ¿No le preocupa ver lo que está sucediendo en la cuestión laboral en nuestro país? Lozano reporta empleos y empleos. La mayor parte; de la industria en la construcción, paradójicamente trabajan muchos en la construcción de fortunas, y que quede claro que no le quiero hacer a Fidel Castro. La línea entre lo justo y lo que no lo es, es muy delgada en cuanto a las empresas, sin embargo nadie queremos hablar de ello. Parece que ya nos la creímos, y que es mejor, dar por censura hablar sobre el empleo."
Y es que hay que hablar sobre el empleo. Dejando la impulsividad con lo que de ahí hago un comentario, me parece importante destacar lo que yo creo que es que me molesto tanto. Sin ser un experto en el área económica, me doy cuenta que nos hemos habituado a pensar que un grupo empresarial, no tendrá nunca interés de invertir en igualdad de circunstancias con sus empleados. De tal forma que yo no creo que fue en su momento, ni en la actualidad, el objetivo de los sindicatos. Los sindicatos precisamente comenzaron debido a la desigualdad de circunstancias. ¿Cómo podemos poder creer que la empresa se debe a la enorme capacidad del empleador y el impuro deseo y trabajo de su empleado?. Y ahí es donde comienza la discusión.
La perversión de las corporaciones. Y de ahí depende mucho la ambición del patrón. Esto es, si los objetivos los logrará gracias a metas propias, o si los logrará hacia metas comunes. Y me parece que en Mexicana no se permitió un objetivo común. Las cosas se ocultaron hasta el último en lo oscurito, y de ahí en que se convirtiera todo en algo perverso.
El perverso se esconde y en lo clandestino fantasea. Es aquel con características infantiles, con objetivos únicos. Y así funcionan también algunas empresas en la actualidad. No es posible pensar que una compañía quiebra por que las partes no se pudieron poner de acuerdo y los pasivos laborales lo eran todo. (Cacharon al perverso viendo desde la mirilla).
La actualidad podría brindarnos la posibilidad de que existan formas en que todos caminemos hacia el mismo lado. Las compañías también enferman, las compañías también tienen su neurosis, representadas en sus direcciones. Y es precisamente sobre lo que se tiene que discutir, pero esa discusión no puede ser unilateral. Es más se anula simplemente con la premisa anterior. Es increíble pensar que en la situación de Mexicana no se hubieran involucrado todas las partes desde hace mucho tiempo atrás. Ahí está la disfunción que hubo y la incapacidad de poder prevenir las cosas, porque nadie pudo darse cuenta de la perversión que le aquejaba.